Días desde cero

Principiante, otra vez

Hay algo que nadie te advierte cuando decides mudarte a otro país: que de un momento a otro vas a volver a ser principiante en casi todo. Y no me refiero solo al idioma, sino en cosas que creías completamente resueltas: como hacer amigos, como moverte en una ciudad, como hacer un trámite sin que te dé ansiedad, como pedir en un restaurante sin ensayar la frase tres veces en tu cabeza antes de hablar.

Yo llegué a Suiza a empezar a estudiar de nuevo, a aprender alemán desde cero y a probar actividades que hacen los locales para adaptarme y entender mejor su cultura. En resumen: tuve que reinventarme, y eso, aunque suena muy bonito en Instagram, en la práctica es bastante incómodo.

Lo del idioma merece su propio párrafo. Aprender cualquier idioma de adulta ya es difícil de por sí, pero el alemán suizo tiene una particularidad adicional: no es exactamente el alemán que te enseñan en las clases, sino que es dialectal y además varía según la región del país en la que estés. Aprender alemán acá te confronta, porque al no entenderlo te hace sentir más forastera de lo que ya eres. Pero cuando empiezas a entenderlo y puedes responder, o algo tan simple como pedir agua con gas, se siente gratificante, porque a pesar de que son pasos de bebé, se sienten como un progreso enorme para llegar a sentirte más a gusto en un lugar nuevo. Y es que entender un idioma va mucho más allá de lo verbal: te ayuda a entender los comportamientos, las creencias y las tradiciones de una cultura, y eso no tiene precio. Pero hay algo igual de bonito en el intercambio: enseñarle a otros tu idioma, ver cómo alguien intenta decir una palabra en español y sonreír porque tú también estuviste ahí.

Con los hobbies pasó algo interesante. Los míos son sencillos y puedo hacerlos aquí sin problema, pero una de las mejores partes de migrar es tener la oportunidad de probar cosas que en tu país no hacías o que tal vez no se pueden hacer tan fácilmente. Escalar, pintar cerámicas, ir a partidos de fútbol por ejemplo, son actividades que acá he experimentado con mi novio y amigos y que nunca hubiera explorado de la misma manera en Colombia. Cada actividad nueva es una oportunidad de aprender de otros, de entender cómo viven y qué disfrutan, y eso, sin que te lo propongas, te va abriendo al lugar de una manera que ninguna guía turística puede hacer.

Volver a estudiar fue parecido, pero con su propio condimento. Ese primer día de clase en el que no conoces a nadie, no encuentras el salón, no sabes dónde sentarte ni si entraste a la clase correcta… es una sensación que no recordaba desde hace mucho tiempo. Pero lo bueno es que hay muchos más como tú, igual de perdidos, igual de nuevos, y eso de alguna manera lo hace todo un poco más llevadero.

Y aquí está la parte que no esperaba: empezar desde cero no es solo sobre estudiar, aprender un idioma nuevo o probar hobbies distintos. Es también hacer una limpieza de creencias y percepciones que traías de tu país, de ese constructo social en el que creciste. Y lo bonito es que, independientemente de si esas creencias son buenas o no, este proceso te da la libertad de escoger: decidir qué conservas, qué sueltas y qué funciona para ti y para esta nueva versión de ti que estás descubriendo.

Ser principiante otra vez no es un retroceso. Es, quizás, la forma más honesta de seguir conociéndote.

5 respuestas a «Días desde cero»

  1. Que buen articulo!. Siempre he pensado y sentido que los nuevos comienzos son maravillosos y cada vez que puedes experimentarlo le dan mayor sentido a la vida.

  2. One of the best experience is travelling. New languages, culture and gastronomy

  3. Excelente artículo y muy real, pero esa experiencia es muy enriquecedora.

  4. Going Back to square one is challenging.. never give up. .

  5. Rs difícil empezar, pero nunca debemos rendirnos psra comenzar otras etapas en la vida

¿Tu que opinas?

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